Campomanes: ¡Áteme usted esa mosca!

Artículo en abierto de La Nueva España del día 30-08-2017 de nuestro tertuliano José Fernández (Pepe)

José Fernández

Las consecuencias de las obras para traer la Alta Velocidad a Asturias y las compensaciones a los vecinos

José Fernández 30.08.2017 | 03:30

Las obras de la variante de Pajares. FERNANDO GEIJO

Lo dice la escritora Hope Jahren cuando escribe que “todo comienzo es el final de una espera”. Efectivamente. Pero para evitar las rencillas que son la madre de los rencores, manifestar, en primer lugar una actitud: “no me interesa escribir en ratos de ocio para que se me lea en ratos de ocio. Lo que me interesa es la vida y los asuntos humanos, con todos sus sinsabores y dificultades”. En segundo lugar, sobre la esperanza, decir que es hija de la memoria del pasado y de las promesas para el futuro. Ese pasado y ese futuro, como es normal, tienen un vértice común que es la justicia; por eso hacemos este artículo. Porque sin justicia el pasado ofende y el futuro es incierto.

Y un ejemplo de lo que decimos lo encontramos en nuestro concejo, en tiempos recientes, y que introduce más que dudas sobre la ponderación que debe regir las decisiones de nuestra Corporación municipal. Nos referimos a la decisión aquella que tomaron sobre el uno por ciento cultural del presupuesto de la Variante; y no sé si pensar que no son conscientes de lo que hicieron o piensan ellos que el silencio correría un tupido velo sobre una decisión que pone de “pan moyao” a los vecinos de Campomanes y sus valles: Huerna y Pajares. No sé a qué carta quedarme, la verdad, pues tal vez se aprovecharon de que la sociedad lenense está petrificada, con palabras de Simone Veil, sin capacidad alguna de reacción. O ellos son seres momificados regidos por la indolencia y la hipocresía como principios básicos de gobernanza, con los votos como punto de referencia único. Y que hace pensar, de estos concejales, que, del Ayuntamiento, hacen más un cortín de abeyes que colmenar a campo abierto. Hay que recordarles, como institución, su falta de respeto a quienes sufrieron durante años, desde los ochenta hasta nuestros días, las consecuencias de abrir puertas a la meseta desde Asturias, con el desarrollo y el progreso como argumento principal.

Las obras de la variante de Pajares.

Porque, para bastantes, la Variante es la madre de un desastre ecológico, medioambiental y cultural que arrasó con todo lo que encontró por delante en la misma zona donde anteriores desastres medioambientales habían arrasado con todo por la mejora de la relación de Asturias con la meseta. Y como es normal, como bien domesticados que estamos, nadie ni levantó una voz ni escribió una línea sobre las consecuencias; también es verdad que nunca tuvimos a nadie con los cojones de Erri de Luca cuyo libro, “La palabra contraria”, es un relato de su estancia en la cárcel por defender a quienes en Italia sufrieron bastante menos de lo soportaron los vecinos de Campomanes.

Y si entramos en las cuestiones domésticas de la Variante, con sus tres protagonistas, la ideas que salen a relucir son más que negativas pues se mezclan cuestiones de personas con agravios comparativos. La Corporación municipal, Campomanes y sus valles, y la Variante tienen la forma un triángulo más isósceles que equilátero. En principio, y sin humor, visitar Campomanes y sus valles es llevar nuestra realidad a Petibonum, la aldea donde vivían aquellos galos indómitos con el poder romano. Pues bien, el más simple análisis de las obras alrededor de Campomanes y sus valles nos permiten escribir que es una población rodeada de imposibles por todas partes, y que en la planificación de dichas obras, las nuevas tecnologías empleadas se utilizaron con un único fin, la obtención del mayor beneficio posible a costa de todo lo que fuese necesario. Y sin duda que lo consiguieron porque, al día de la fecha ni el ministerio de Fomento ni el Ayuntamiento de Lena ni los propios de Campomanes hablaron de algún proyecto compensatorio de tanta barbarie: todas las instituciones se aprovecharon de que en Campomanes no hay el sentido de la comunidad esa donde cada uno, como individuo, encontraría confianza, bienestar y seguridad; por eso unos tienen la suerte de que los otros se conformen con un semáforo en el cruce y sean víctimas silenciosas, por desidia e ignorancia, del desapego, de la discontinuidad y del olvido: ni mejoras urbanísticas ni sociales ni culturales como demanda colectiva para afrontar un futuro con dignidad. Como quiera que sea, mientras nadie les diga, que no se lo dirán, que un hombre solo es como una pelota sin dueño a la que todo el mundo pega patadas y nadie la recoge, no hay nada que hacer.

Sobre la Corporación municipal, el otro lado del isósceles, y sobre su decisión de destinar el uno por ciento para cultura del presupuesto de La Variante, a las excavaciones de La Carisa (1.200 m. de altitud) y no sé qué más, produce sonrojo; basta leer lo que dice el profesor Santos Yaguas en el libro “Los astures y el ejército romano”. En la pag. 62, escribe el profesor que según se desprende de los restos materiales descubiertos en La Carisa, no parece que tuviese lugar la gran batalla de los astures contra los ejércitos romanos ni que se produjese allí el asentamiento ni siquiera de forma temporal por la topografía, la altitud y las dificultades de abastecimiento. Y si quieren tener delante imágenes de La Carisa, entren, por favor, en el blog El jardín de la Barrosa, en el mes de julio: rebusquen y comprenderán lo que es una alcaldada: es que nos da hasta vergüenza seguir escribiendo sobre este tema. Aunque dejaremos claro, contra los cizañadores, que para listos y avispados, los de Carabanzo, quienes al unísono, como Fuenteovejuna, hicieron muy bien en aprovechar las consecuencias todas de las andanzas del tal Carisius por sus cordales para montar el cristo que montan con esta anécdota. Ellos no son culpables de nada; sí llevan encima la ignominia quienes con sus decisiones, manifiestan un desconocimiento absoluto del patrimonio existente en el ámbito de Campomanes: se podría recuperar el Camino de Santiago a San Salvador, Patrimonio de la humanidad, que va desde Pajares, San Miguel del Río, Santa Marina, Llanos de Somerón, Puente Los Fierros, Fresnedo, Herías, Campomanes,Vega del Rey, Vega del Ciego … carretera abajo, hasta el Padrún; además de la iglesia de Bendueños con sus pinturas y su camerino, de actualidad en la revista Vindonnus. No estaría mal tampoco que se planteasen una reproducción exacta del mosaico de Mamorana, ejemplo de nuestra profunda romanización, más que las árgomas de La Carisa. Tampoco sobraría hacer algo con el Fuero de Campomanes, entre los más antiguos, como escribe Monchu Estrada.

Las obras de la variante de Pajares.

¿Me entienden, entonces, si escribo que, con su decisión, lo que hizo nuestra Corporación fue menoscabar la dignidad de Campomanes y sus valles? Está bien que sufran las consecuencias de ser una villa itineraria, pero un puntín de respeto supone, como mínimo una compensación social, cultural y urbanística con el uno por ciento cultural de la Variante. Sin embargo, como políticos al uso, a unos les dieron los huesos que roer y a otros la carne que masticar. Y para colmo de la vergüenza , y como siempre, y para terminar, estamos seguros de que tampoco faltará el artista salido de su torre de marfil, vendido por una instalación a 1.200 m. de altura, a estos mercaderes de la palabra; presentará algo, a 1.200 m. que ni será arte ni será cultura. Será un ejemplo de la ineptitud de unos para halagar la vanidad de otros y para faltar al respeto a quienes merecen algo más que un nombre propio y una tomadura de pelo. Ignoran ambos, artistas y conmilitones, que entre la contención y la resignación hay un tramo que recorrer y no conviene que se haga. Porque “Vivir no es cultivar la impotencia”, dice el poeta J.Guillén.

Suscriben este artículo María Dolores Martínez, presidenta de la Asociación de Vecinos de Campomanes, y Enrique Alonso, presidente de la asociación cultural “Destellos Comarcal”