El sobrinismo, el mal de Asturias

La arbitrariedad y el favoritismo de algunos políticos para designar puestos técnicos

Víctor M. Vázquez 05.02.2017 

El sobrinismo, el mal de Asturias

La Nueva España

Hablábamos aún en pesetas cuando un amigo común propició una reunión entre la entonces alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso, y yo mismo, por aquel entonces con responsabilidades en la gestión de los recursos naturales asturianos, pues la buena de Mapi quería conocer mi opinión sobre el proyecto del Jardín Botánico que estaba concibiendo Gijón, como gran equipamiento estrella de la mayor y posiblemente más moderna de nuestras ciudades. Por mi parte tenía una buena información de la idea que circulaba sobre el mismo y a la vez veía necesario que el equipamiento, evidentemente de propiedad municipal, tuviera una vocación regional y, por supuesto, una proyección universal.

La inclusión de un representante del Gobierno regional en el consejo de administración de la empresa municipal que iba a gestionar el Jardín Botánico Atlántico, propiciaba la primera cuestión, y la participación de nuestra Universidad de Oviedo garantizaba indudablemente un trabajo científico, imprescindible para el lanzamiento de nuestro Botánico, heredero de aquel otro que mantuvo nuestra mayor institución académica en el Campo de San Francisco de Oviedo. El entonces Consejero de Medioambiente, Herminio Sastre, hombre de ciencia que tecnificó la gestión y la desarrolló al margen de las habituales ocurrencias e improvisaciones de algunos de sus antecesores y sucesores, confió en mí esa representación -por supuesto no remunerada- y a la vez me apoyó para realizar una inversión nada desdeñable en el proyecto gijonés, con el que se podían iniciar labores de creación de un banco de germoplasma y a la vez sugerimos la integración de una gran parte del Monumento Natural de la Carbayeda del Tragamón en el propio Jardín Atlántico.

Así las cosas, las personas que acudimos aquel 25 de abril de 2003 a la inauguración quedamos completamente maravillados del trabajo realizado por el ayuntamiento y la planificación y concepción del recinto. Como detrás de un gran proyecto hay grandes personas, justo es reconocer el trabajo del arquitecto gijonés Ángel Noriega; del entonces director científico del Jardín, José Antonio Fernández Prieto, y del hasta hace unos días conservador científico del equipamiento, Álvaro Bueno Sánchez.

Hasta aquí muy poco de la historia del Jardín Botánico Atlántico, pero ahora comienza a aflorar la infrahistoria, que en Asturias se escribe en casi todos sus grandes proyectos; personalmente yo lo denomino como “tengo yo un sobrino?”. Ahora resulta, por lo que trasciende en la prensa, que el doctor en Biología, don Álvaro Bueno Sánchez, es vetado para seguir siendo el Conservador Científico del Jardín Botánico de Gijón, designado por la Universidad de Oviedo. Pero ¿quién le veta? Pues el Ayuntamiento de Gijón con su alcaldesa, Ilma. Sra. Moriyón al frente. Parece ser que esta alcaldesa ha entrado en el holding de regidores municipales asturianos con capacidad para elegir trabajadores de instituciones y administraciones. De momento ha expulsado a todo el actual equipo científico del Jardín Botánico. Hay precedentes a los que volveré más adelante.

¿Piensa la señora Moriyón que sus trabajadores municipales serán mejores científicos que el doctor Bueno? ¿Que a alguno de ellos se le puede confiar el estudio de la biología, el mantenimiento “ex situ” o la recogida de semillas en el medio natural de nuestra flora amenazada? ¿Cree que sabrán distinguirlas? ¿Que llevarán el nombre de Gijón a los cuatro puntos cardinales del mundo? Pues al menos esta última pregunta va a ser afirmativa, porque la reacción de los grandes Jardines Botánicos del Mundo no se ha hecho esperar y han logrado incluir el nombre de Gijón en la “Historia universal de la infamia”, que con tanto acierto comenzó a compilar Jorge Luis Borges.

El tertuliano Víctor Vázquez

De Álvaro Bueno, a quien conozco desde que comenzó a trabajar en su tesis doctoral, solo puedo tener palabras elogiosas: amable y educado en el trato, riguroso en su profesión, divertido en sus momentos de ocio y cuantos adjetivos calificativos para hablar de un hombre bueno (nunca mejor dicho) se les ocurra. Aunque últimamente se escucha en los mentideros capitalinos que podría haber reconsideraciones, espero que el equipo rectoral no claudique en su independencia y ceda su autoridad al ayuntamiento gijonés buscando soluciones intermedias como pudiera ser, sí pero el sueldo en casa o brutalidades parecidas. Hay precedentes en la región en los que las tesis municipales han sido aceptadas por la administración regional.

Para cesar a Pepe el Ferreiro, el director de otro gran equipamiento regional, se le acusó de almacenar nueces y tener gallinas sueltas que ponían huevos; otro alcalde triunfador, el señor Revilla, que consiguió sustituir al que fuera creador y alma mater del Museo Etnográfico de Grandas de Salime por el típico y asturiano “sobrino”, que más tarde -habida cuenta creo de alguna ilegalidad en su nombramiento- fue designado para altas tareas arqueológicas, pues también el alcalde grandalés consiguió que un trabajador público, el doctor Ángel Villa Valdés, fuera retirado de sus investigaciones arqueológicas en el castro del Chao San Martín y, aparentemente, relegado de esta tarea científica para siempre. Otra infamia para la historia.

Ángel Villa Valdés

Ángel Villa Valdés

Y qué decir del alcalde de Somiedo, el legendario y mediático señor Fervienza, que según recoge LA NUEVA ESPAÑA de ayer, acaba de incurrir en desviación de poder en el concurso para nombrar Juez de Paz del municipio y a la vez está investigado (imputado) por un juzgado, por un delito contra el medio ambiente y los recursos naturales. Pues bien este longevo, en lo político, regidor municipal, decide, o pretende decidir, qué funcionarios hacen los informes sobre su concejo, quiénes han de ser separados de sus atribuciones profesionales, quiénes han de ser cesados en sus puestos de trabajo y tan largo etc. que daría para otro libro de Borges. (Por cierto esto lo escribo con gran conocimiento en mis propias carnes como se puede consultar en las hemerotecas).

Y también hay una serie de regidores municipales y toda una recua de representantes políticos que consiguen cambiar informes de funcionarios ya que no todos son proclives a sus pretensiones. ¿Qué tal si registráramos el eslogan “Asturias tierra de sobrinos” como reclamo publicitario?