Los principios de la industria en Mieres

La evolución de las primeras compañías mineras y siderúrgicas que se asentaron en el municipio en el siglo XIX

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“[?] Una casualidad hizo conocer en Asturias, hace poco más de medio siglo, que en las entrañas de sus montes encerraban esta riqueza [la del carbón], y un excelente físico al que llevo allí otra casualidad, descubrió su increíble abundancia, ya demostrada hoy por la experiencia y de toso conocida, aunque apenas se benefician más que dos o tres minas harto ricas [?]”.

El autor de estas palabras es el ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos y Ramírez de Jove (1744 Gijón – 1811 Puerto Vega), cuya abuela materna era natural del palacio de los Carreño-Solís (actual palacio de Valdesoto), quien piense en la explotación de los yacimientos carboníferos de la zona en el “Informe sobre el beneficio del carbón de piedra y utilidad de su comercio”, dirigido al rey el 9 de abril de 1789.

Este informe lo había encargado el Ministerio de Marina, y en él, Jovellanos hacia una serie de proposiciones al Gobierno para promover la explotación, transporte y comercialización del carbón. De ese informe- propuesta salieron varias disposiciones legislativas.

Fue Antonio Carreño y Cañedo (1752-1818), alférez mayor perpetuo de la ciudad de Oviedo, dos años antes del mencionado informe, quien atribuye a su abuelo Francisco Carreño y Peón el descubrimiento del carbón en Asturias. Relata que yendo de caza un día hacia 1737, Carreño y Peón observo que:

“[?] tomó fuego [?] el monte Carbayín, sito en la referida parroquia de Valdesoto y habiendo ocurrido la casualidad de comunicarse a una de las minas de carbón de piedra que contiene, adquirió tal incremento que conservó la lumbre por espacio de cinco meses, mi abuelo, advirtió que se le hundía el terreno bajo los pie, y observando con más intención conoció que había fuego: buscó un palo de cuatro varas de largo y metiéndose en el terreno, halló sin dificultades admitía: investigo y adquirió de los paisanos la historia del suceso, vino en conocimiento que no podía tener otro principio el fenómeno que hallarse en aquel paraje alguna mina de carbón de piedra por la noticia que había adquirido de ellas en la lectura de los autores ingleses. Hizo cavar en la parte que el terreno resistía más la sonda, y descubrió en efecto el carbón, del que extrajo varias porciones, conservando el fuego lo restante, hasta que las nieves del invierno lo apagaron.”

A partir de esa circunstancia se pone en movimiento un gran cúmulo de tentativas encaminadas a la explotación de un mineral tan rico como el hallado en el subsuelo del Principado.

La primera empresa que se formo fue la “Compañía de san Luis”, explotó minas en Llanes, Carbayín y Lieres, pero tuvo enormes dificultades de comunicación y de centros que consumieran carbón. Solo duro dos años.

En el año 1794 comenzaron los trabajos de construcción de la Fábrica de Municiones de Trubia, los principios de esta Fábrica fueron muy problemáticos, duraría funcionando hasta el año 1808, que debido a la guerra de la Independencia (guerra contra los franceses), se abandonó la y no volvería a reconstruirse hasta 40 años después.

El sistema del laboreo seguido las minas asturianas era bien sencillo. La explotación se hacía por encima del nivel de los valles, sin que hubiera en aquella época más pozo en Asturias que el de Arnao (Castrillón), constituida en 1833 con el nombre de Real Compañía Asturiana de Minas de Carbón en Arnao con capital belga y español y situada fuera de la cuenca central.

Centrándonos ya en Mieres del Camino, al igual que en muchos sitios de Asturias fueron explotadas minas de carbón por los lugareños con medios rudimentarios en excavaciones irregulares y superficiales, sin seguridad ni orden, aprovechando sólo el carbón grueso y despreciando el menudo.

Eran varias zonas del concejo que a finales del siglo XVIII y en los albores del siglo XIX contaban con pequeñas explotaciones en las zonas menos accesibles y prácticamente su uso era el doméstico y comercial.

El carbón aprovechable lo transportaban a lomos de caballerías y carros para su venta (en los inicios, principalmente en Oviedo). En esta situación hacen su aparición en Mieres hacia el año 1840 los ingenieros ingleses, hermanos John y Edward Mamby que inicia diferentes prospecciones y registros de minas, así como buscar el lugar para la ubicación de una factoría de fundición y elaboración de hierros. Al año siguiente 1841 se analizaron los carbones de Tudela y Mieres en Londres por el catedrático de Química John Thomas Cooper y ya en 1842 se constituye en la capital del Reino Unido la empresa “Asturian Coal and Iron Company”, con un capital de 150.000 libras esterlinas o británicas (32.182.072,73 de las antiguas pesetas o 193.418,02 de los actuales euros), con el objetivo de explotar las minas de Tudela y Mieres y también una fábrica de elaboración de hierros por métodos modernos, así como construir un ferrocarril desde Mieres a Avilés para la salida de carbones y hierros a un puerto de mar, lo que generaría el control del mercado de hierros en España. El proyecto indicaba un trayecto a lo largo del valle y ribera del río, ya se había intentado, 40 años antes llevar el mineral en barcazas por los ríos Caudal y Nalón, pero resulto imposible. 60 años más tarde de la realización del proyecto en Londres, se realizaría el proyecto del ferrocarril Vasco-Asturiano.

Los preparativos para montar la fábrica y el tendido de la vía férrea tuvieron muchos problemas con los habitantes de la zona, ya que se oponían a su construcción porque cambiaba el trazado de los caminos, dividiendo sus tierras. Los jalones y chopos con banderillas colocadas por los técnicos ingleses con el objeto de levantar los planos de la fábrica y las zonas por donde se tenían que poner las vías férreas, eran arrancados y cortados a diario, con el único objetivo de hacer daño a los extranjeros, los lugareños también creían que las grandes avenidas de los ríos y las intensas lluvias que caían en esa época, eran debido a que los ingenieros ingleses eran unos herejes protestantes y judíos. Estos problemas originaron que el 19 de septiembre de 1884, John Manby escribiera al jefe político de la provincia solicitando sus servicios para proteger los jalones que estaban obligados a colocar para la ejecución de los trabajos programados.

En aquellos años el alcalde de Mieres era Vicente Sampil (20 de enero de 1800 – 25 de abril de 1848), había sido alcalde de Lena, e independizo a Mieres de ésta en el año 1936. Sampil apoyó a los ingenieros ingleses frente a las protestas del pueblo que seguía oponiéndose a la instalación de la fábrica y el ferrocarril.

El 17 de septiembre de 1844, con aportaciones de capital francés (cinco millones de francos, 126.826.660 de pesetas, 762.243,09 euros) y otros capitales ingleses, franceses y españoles; presidida por el financiero Gadeón Colguhoun la “Asturian Mining Company” empieza conocerse como la “Anglo Asturiana”. La sociedad ya tenía minas de carbón en Mieres, Tudela, Langreo, minas de hierro del Naranco, Cancienes y Caleros en Olloniego. También adquirieron minas de cinabrio en Muñón Cimero, en el vecino concejo de Lena.

Hacía septiembre de 1844 comienza la construcción de la Fábrica al norte de la vega de Mieres, en la margen derecha del río Caudal (río grande), muy cerca de la localidad de Ablaña, tres meses más tarde, el 31 de diciembre de 1844 se otorgó al D. Richard Kelly la representación de la “Asturian Mining Company” y la concesión de construcción de un ferrocarril entre León y Avilés, pero esto, nunca paso de ser proyecto.

Durante el año 1847 sigue la construcción de la Fábrica y la preparación de una mina en una zona denominada “El Macho”, al otro lado del río, en Ablaña. Al mismo de la mina se construyen los hornos de cok, se tiende la vía férrea para el transporte del carbón y cok a los hornos altos que se están construyendo, atravesando el río por un puente de madera que se denominó “Puente de los Ingleses” facilitando el servicio todo el año. Este puente duro poco, fue sustituido por otro de madera, más abajo, en la zona de “El Macho”, este le sustituyeron por uno de hierro que tuvo una larga vida (más o menos 100 años).

La Fábrica se terminó de construir en el año 1848, se realizaron pruebas con el cok de los hornos de El Macho y minerales de hierro y caliza de la zona próxima. La primera colada de fundición del horno alto se obtiene en el verano de este mismo año. El primer director de la fábrica fue el D. Josías Lambert.

La Fábrica fue la primera empresa privada que en españa produjo fundición de hierro colado con cok de hulla en horno alto.

En los inicios de la Fábrica, las instalaciones eran las siguientes: un horno alto, dos máquinas de vapor de 60 CV cada una, cubilotes para mordería , reverberos, cilindros, tijeras, hornos para fabricar coque, ladrillos refractarios, cal continua, un edificio grande para oficinas y dirección y 12 viviendas en construcción para los obreros.

Los comienzos fueron muy dificultosos por la falta de comunicaciones para el transporte de minerales y productos elaborados, estos problemas tenía grandes gastos y resultados beneficiosos nulos, todo esto y las disputas de los accionistas dieron lugar a la quiebra de la Sociedad, “esta no había cumplido sus estatutos, tampoco el código de comercio y para agravar más la situación sus accionistas no había satisfecho el importe total de sus acciones”.

El 26 de junio de 1849, por un Real Decreto se disuelve la Sociedad y puesta en venta. Es adquirida por un banquero D. M. León Lillo y el cónsul de España en París, D. Juan Grimaldi el día 15 de junio de 1850, un año más tarde.

La venta de la “Anglo Asturiana” trajo muchos pleitos, no fue considerada legal por muchos accionistas ingleses y presentaron “batalla” en los Tribunales de Londres y la protesta oficial del embajador británico en España. El apoderado de Lillo, Carlos Sarchi, haciendo valer su título de compra, solicitó al Alcalde de Mieres para que le diera posesión de la Fábrica. El director de la Sociedad, Jorge Lambley, se negó a la entrada recurriendo entonces el Sr. Sarchi, al juez de Lena que hizo efectiva a favor de éste la posesión de la “Anglo Asturiana”. El precio de venta de la “Asturian Mining Company” fue de 20.000 libras esterlinas (4.290.943,03 pesetas, 25.789,087 euros). La Fábrica volvió a reanudar su trabajo a finales del año 1850, pero esta vez, ya con nuevos dueños “León Lillo y Compañía”

A esta década se le conoce como la “época inglesa de Fábrica de Mieres”, a partir de aquí comienzan dos décadas de influencia francesa. De esta manera continua la gran historia de la industria referente de Mieres durante el siglo XIX y hasta los años 70 del pasado siglo XX.

FUENTE: JUAN JOSÉ MENÉNDEZ FERNÁNDEZ