Un parque de todos y para todos

Víctor M. Vázquez

Mejorar la estética de los cierres de
fincas y fomentar los hábitos de limpieza entre los visitantes, retos del
espacio natural

Las llamadas Casas de Veigas son uno de los elementos que conforman el
Ecomuseo de Somiedo y en esta sede del mismo, un atardecer soleado, me reúno
con María Teresa Lana Díaz, Marité, (Valle de Lago, 1962), que es la
responsable del propio Ecomuseo y de la Biblioteca Pública Municipal; hablamos
de estos 30 años del Parque Natural somedano.

Como muchos de los jóvenes del concejo que querían estudiar el BUP, tuvo
que irse a Oviedo y allí, en el internado de las monjas de la Inmaculada,
finalizó este período, para a continuación ingresar en la Escuela de Magisterio
hasta terminar sus estudios; tiempo en el que convivió con sus dos hermanos en
el piso que sus padres habían adquirido para reunir a los hijos.

Marité Lana, en una imagen reciente

Marité recuerda, con emoción y mucho cariño, a su padre, Aurelio Lana
Feito, tristemente fallecido en 2013, uno de los somedanos más queridos por
cuantas personas de bien llegaban al barrio alto de Valle de Lago, L’Auteiro, y
en la Taberna homónima entraban a comer, o simplemente tomar algún refresco o
un tentempié. La amena, documentada, culta y sabia conversación de
“Aurelio el de L’Auteiro”, persona que destilaba bondad por todos los
poros de su piel, nunca podrá ser reemplazada. Junto a él, su mujer
“Piro” Díaz Rodríguez, magnífica anfitriona y excelente cocinera,
complementaban aquel negocio familiar, referencia, como he dicho, de tantas y
tantas visitas a uno de los lugares más frecuentados del Parque Natural de
Somiedo.

Los veranos eran el momento de retornar a casa y allí, en la taberna
L’Auteiro, Marité Lana ayudaba a sus padres, tanto en este negocio como en el
apoyo en las labores del campo. En 1992 obtuvo una plaza en la escuela taller
de Somiedo, en la que impartía clases para la obtención del graduado escolar, o
simplemente como complemento formativo a las actividades laborales de los
alumnos. Allí permaneció hasta 1996, año en que no consiguió renovar, y en 1997
se incorporó a sus cometidos actuales.

Aurelio Lana, Pedro de Silva y Javier Solana, junto a otros conocidos somedanos, en agosto de 1995, en L´Auteiro

La taberna abrió sus puertas en 1981 y se convirtió en un espacio social de
conversación; el portalón, la barra, el comedor, recibían a cuantos visitantes
pasaban hacia el Lago del Valle y a los vecinos que se acercaban por allí. Los
campamentos itinerantes que organizaba la Agencia de Servicios a la Juventud
del Principado de Asturias, acampaban en las cercanías de L’Auteiro, y Marité
recuerda entre risas a “Milio el del Nido”, cocinero, y al médico
Javier González, director, tomando algún vino o chupito de licor de orujo,
mientras que los jóvenes campistas consumían toda la reserva de “Phoskitos”;
eran las llamadas “Rutas Vaqueiras”, que cosecharon grandes éxitos de
participación en aquellos ya lejanos ochenta.

Llega la declaración del Parque Natural. Mi
contertulia recuerda los tiempos previos a aquel junio de 1988, cuando
aparecieron por El Valle los investigadores del INDUROT y otras gentes de la
Universidad; “ante el desconocimiento se anteponía la ilusión”, me
dice. Su padre, Aurelio, siempre daba valor a la naturaleza y pensaba que los
somedanos deberían ser los primeros en algo, menciona Marité. “Éramos la
tierra de los osos, pero la gente no sabía dónde estábamos”, me comenta, a
la vez que afirma que “Somiedo estaba más aislado que otros concejos del
Occidente”.

“Poco a poco llegaba más gente por aquí, la escuela taller atrajo a
muchas decenas de alumnos, allí se formó gente que sigue trabajando en la
construcción, en el sector turístico, en etnografía, etc.”, continúa
exponiendo mi interlocutora, que a su vez me comenta su valoración más que
positiva de estos 30 años de Parque Natural, en los que se han logrado
objetivos como la conservación de especies, con el oso pardo como emblema, con
una recuperación muy importante, que si bien se dio también en otros lugares
próximos. “No cabe duda que Somiedo ha jugado un papel importante en los
planes de recuperación de esta especie”, añade.

Casa ‘teitada’ en Veigas perteneciente al Ecomuseo de Somiedo

“También es cierto”, continúa hablando Marité, “que no se ha
logrado lo mismo con el urogallo, al igual que no se ha logrado tampoco en el
resto de Asturias, y es una pena, pero se ve que es una especie mucho más
problemática en cuanto a conservación y que los factores que influyen en su
declive son muchos y difíciles de atajar”.

Comentamos también las inversiones realizadas en estos últimos 30 años ya
sea en carreteras, saneamiento, depuradoras, etc., “Ahora es necesario seguir
con inversiones en tecnología, coberturas de internet, telefonía móvil, para
estar al nivel de las ciudades, puesto que son herramientas de trabajo y de
formación a todos los niveles, no sólo en la administración o el turismo,
también los ganaderos pueden, -y algunos ya lo hacen-, utilizar cámaras en las
cuadras para controlar desde el móvil o el ordenador el estado del
ganado”, continúa la responsable del Ecomuseo.

Rebaño de ovejas merinas, raza autóctona desgraciadamente desaparecida de Asturias

Para ilustrar la importancia de nuestro primer Parque Natural, Marité Lana
me habla del flujo de grupos de visitantes que han venido a Somiedo para
conocer la realidad de la declaración de la figura de protección, pues ellos se
encuentran en esa tesitura. “La impresión que se llevan es que aquí la
gente asume el Parque, y que este es un motor de desarrollo a la vez que un
modelo de conservación, y que las dos cosas son compatibles. Ciertamente,
buscando siempre el encuentro entre distintas posturas, posturas enfrentadas,
pero con consenso”, afirma.

Educación ambiental, estética, observación de fauna, carreras, mejoras de
comunicaciones y patrimonio etnográfico.
 Ante la pregunta de ¿a qué
retos se enfrentan los somedanos para afrontar un futuro de bienestar?, Marité
Lana me comenta múltiples ideas que surgen de la mujer reflexiva que es y aflora
en la conversación el gran cariño con que habla de su tierra natal. En primer
lugar habla de la necesaria educación de las personas que visitan Somiedo y
hacen rutas de montaña, pero a la vez dejan señales de su paso en forma de
toallitas, pañuelos de papel, cigarrillos, envases y envoltorios. “Este
año hicimos dos actividades convocadas por asociaciones locales, en las que la
gente se implicó con entusiasmo.; limpiamos de basura dos de los recorridos más
concurridos del Parque. Son pequeños gestos, pero que significan mucho”,
concluye.

“Por otro lado la estética también debería estar presente” añade
Marité refiriéndose a los innumerables somieres utilizados como cierres de
fincas, de huertos o de corrales. Esta cuestión también la hace extensiva a los
indicadores de negocios, hospedajes y bares; “deberíamos de ser capaces de
unificar este tipo de señales”, afirma mi contertulia a la vez que incluye
en este apartado la necesaria retirada de los cientos de carteles anunciadores
de fiestas locales y otros eventos. “Los colectivos de la sociedad civil
creo que debemos implicarnos en la conservación y respeto por nuestro
entorno”, señala como colofón de esta reflexión.

Entorno de Santa María del Puerto, con La Penouta al fondo

Para la responsable del Ecomuseo somedano, uno de los grandes retos es el
de regular cuanto antes el turismo de observación de fauna. “Es un hecho
que se está dando, y que es a la vez un derecho y una oportunidad” me
comenta, para añadir “oportunidad para nuevos puestos de trabajo, y
oportunidad como educación ambiental y de respeto a la naturaleza, pero que
debe hacerse con control y respeto, siempre teniendo muy presente que lo
primero que hay que tener en cuenta es la conservación de la especie,
cualquiera que esta sea”. En la conversación, Marité añade que cree que la
mayoría de la gente que practica este tipo de turismo es respetuosa con las
especies y con el medio; pero que hay que prevenir posibles efectos
secundarios, no interfiriendo en el desarrollo de las actividades cotidianas de
los vecinos de los pueblos.

“A los visitantes hay que darles información sobre cómo actuar en caso
de encontrarse con alguna especie de fauna salvaje, es importante saber lo que
no se puede hacer y lo que sí”, sigue comentando mi interlocutora que
añade: “A veces cuando la gente pregunta, ¿pero aquí hay osos?, ¿están por
ahí fuera?, al oír la respuesta manifiestan que tienen miedo, que les asusta
hacer una ruta, por si aparece algún ejemplar. Por eso es importante informar,
educar; como también lo es la necesidad de que las administraciones controlen
el uso de imágenes y la difusión de información que pudiera ser perjudicial
para la conservación”.

En temas como las nuevas actividades deportivas en montaña que desde hace
algunos años han llegado a Somiedo, como son carreras tanto pedestres como en
bicicleta, mi interlocutora también tiene su personal visión, aunque
ciertamente se asusta cuando le comento, exagerando un poco, que en realidad no
hay límite legal para las mismas. Lo primero que me dice, es que los
instrumentos de gestión del Parque Natural han de recoger estas regulaciones, a
la vez que me habla del gran acierto que tuvo la aprobación del primer Plan de
Uso y Gestión tomando decisiones muy acertadas en cuanto a establecimientos
hoteleros, campings, restricción de zonas, etc., que conformaron un modelo de
desarrollo exitoso. “Las carreras de montaña”, me dice Marité,
“tienen sus defensores y sus detractores, supongo que como todo. Lo
importante es buscar el equilibrio. No creo que los que corran quieran acabar
con la biodiversidad ni con ninguna especie. Pero si el problema es la
cantidad, pues que se hagan estudios de impacto y se actúe en consecuencia. El
Desafío Somiedo, es la que más gente mueve y yo vería bien volver a los 300
participantes por categoría o menos, 250. En cuanto al recorrido, no pasa por
ninguna zona restringida, no pasa por ninguna zona por la que no podamos ir
cualquiera en un día de excursión. Que son muchos, pues que los responsables de
la gestión digan cuál sería la cantidad asumible”.

Aurelio Lana Díaz y ‘Piro’ Díaz Rodríguez, en la Taberna L´Auteiro

“Yo las comparo con otra actividad, la caza. Yo no la practico, ni en
mi familia hay costumbre, ni la hubo. Pero respeto que sea una actividad que se
lleve a cabo en un Parque Natural, doy por supuesto que se hace bajo los
criterios de conservación y respeto a las especies protegidas. Sé que se
suspenden cacerías cuando se detecta presencia de osos en la zona, es decir, se
establecen cauces, normas, protocolos, para que esta actividad sea compatible
con la conservación y de hecho los cazadores son un colectivo aliado en este
cometido. Creo que así debería ser con otras actividades que surgen. Es
importante que los distintos IGIs contemplen estas actividades y las
regulen”, reflexiona Marité en esta larga y agradable conversación.

“Ciertamente, los somedanos estamos orgullosos de que nuestro concejo
sea Parque Natural y Reserva de la Biosfera, sabemos lo que significa
conservar, proteger, y que eso sea compatible con el desarrollo económico, con
oportunidades de empleo. Cuando reclamamos una mejora en una carretera no
significa que queramos arrasar con todo lo que hay, no. Es posible mejorar las
carreteras, no para llegar más rápido a ningún lado, si no para circular más
seguros, y a la vez respetar todo lo posible la riqueza en flora y fauna que
pudiera verse afectada. Si nuestras casas no son como hace cien años, nuestros
modos de comunicarnos tampoco, nuestra ropa tampoco, ni nuestros medios de
transporte, ¿por qué ha de serlo nuestra carretera? No olvidemos que aquí
vivimos gente”, es la opinión literal que Marité me transmite como
aportación a la polémica, que desde hace varios años se ha desatado, con
respecto a los diferentes proyectos de acondicionamiento de la carretera
autonómica que atraviesa el concejo de norte a sur y a los impactos que podría
producir sobre ecosistemas únicos en Asturias.

Uno de los lagos de Saliencia, el de la Cueva o de la Mina

Evidentemente, también comento con la responsable del Ecomuseo somedano,
sobre el estado de conservación de los elementos etnográficos que atesora el
concejo, tema que conoce perfectamente y que con seguridad está entre sus
preocupaciones más inaplazables “de la gran riqueza etnográfica existente
deriva el problema” me comenta. “A finales de los 80 había en pie 375
“cabanas de teito”, y entre 2003 y 2005 se censaron 275. Este
descenso, debido a la falta de uso y al cambio de la actividad ganadera se
ralentizó gracias a las ayudas al “teitado” que otorgaba el
Principado, estas se retomaron hace poco, pero con escasos fondos. Es difícil
encontrar la fórmula para conservarlas. Son propiedades privadas. Tal vez una
de las formas de mantenerlas sea a través de los programas de Custodia del
Territorio que auspicia la Unión Europea”, me dice Marité. “Pero
también están hórreos, molinos, fuentes, ol.leras, la lengua, costumbres,
etc.”, añade mi contertulia ante este tema que daría para hablar horas y
horas.

Como colofón, y dejando en el tintero multitud de temas tratados, María
Teresa Lana me comenta respecto a estos 30 años del Parque Natural, que
“sin duda el balance es positivo, sin por ello no dejar de reconocer que
se cometieron y se cometerán errores. Es justo el reconocimiento a los que
idearon la figura de protección del Parque Natural, a los que hicieron el
estudio previo a la declaración y a los que redactaron el primer PRUG, casi
nada más declarar el Parque, pues eso ayudó mucho a despejar dudas y a ordenar
actividades, como el turismo, que crecieron a raíz de la propia declaración. Y
asímismo, es justo el reconocimiento a los que vinieron después y a los que
están ahora, tanto dirigentes como habitantes, visitantes, etc. ¡El parque no
es de nadie y a la vez es de todos!

FUENTE: VÍCTOR M. VÁZQUEZ